jueves, 23 de noviembre de 2017

Basílica de san Clemente

La basílica de San Clemente es el más extraordinario testimonio arqueológico relativo a la arquitectura estratificada sobre sitios preexistentes en el transcurso de los siglos, práctica bastante común en Roma.

Sección de los niveles de la basílica de San Clemente. Roma
La basílica ocupa un sitio arqueológico articulado en tres niveles: el primero es una Domus romana y algunos edificios públicos del siglo I, el segundo una basílica paleocristiana del siglo IV y el último, el visible hoy en superficie, la basílica de San Clemente que se remonta al siglo XII. 

Durante el siglo II d.C., los terrenos sobre los que hoy se encuentra la iglesia estaban ocupados por una mansión romana, propiedad de Tito Flavio Clemente, uno de los primeros senadores romanos que se convirtieron al Cristianismo. La casa era utilizada para realizar reuniones secretas, ya que la religión cristiana estaba prohibida en aquella época.


Esta basílica debería visitarse al revés, o sea de abajo a arriba, desde la Domus romana. En esta son visibles varias habitaciones, un mitreo, o lugar donde se realizaba el culto a Mitra, (Dios solar de origen persa), que permanecería en uso para la realización de rituales de iniciación hasta finales del siglo III. Son visibles también una fuente de agua y divididos por un callejón a su vez interrumpido por los cimientos de la basílica, otros edificios públicos del siglo II y III.

Primer nivel. Mitreo y altar dedicado a Mitra.

El conjunto arqueológico fue descubierto a partir del 1857 gracias a las excavaciones de los padres Dominicos Irlandeses custodios todavía hoy de la iglesia.

Algunos años después se construyó una gran sala sobre la mansión que, tras el fin de la persecución cristiana en el año 313 d.C., pasaría a convertirse en una basílica bajo la bendición del Papa Siricio. La iglesia sufrió grandes daños durante los saqueos producidos en el año 1084 a manos de los normandos, por lo que quedó abandonada y sepultada cinco metros por debajo del nivel de las calles. 

Segundo Nivel,. Basílica Paleocristiana

La basílica paleocristiana está muy bien conservada, es posible ver los antiquísimos frescos presentes en las tres naves, un sarcófago, el altar con la característica ancla que nos traslada a la leyenda del santo titular de la basílica, de hecho el martirio de San Clemente consistió en ser arrojado al mar muerto atado a un ancla. 


La decisión de abandonar, y así pues enterrar, la que en su tiempo fue una famosa basílica se debe como hemos dicho, al grave daño ocurrido durante el saqueo de los Normandos de Roberto il Guiscardo en 1084, En el mismo terreno se llevó a cabo la construcción de una nueva iglesia bajo las órdenes del Papa Pascual II, que se vería finalizada en el año 1108 y es la misma que se conserva hasta la actualidad.
Al construir la basílica superior han sido englobadas las partes superiores de algunos frescos, de hecho algunas figuras aparecen sin cabeza, además las columnas originarias han sido reforzadas con pilastras de sostén eliminando el efecto de la columnata que divide la nave central de las laterales, típico de las basílicas paleocristianas.

A la basílica superior se accede desde la plaza que toma el nombre, un porche del siglo XII hace de arco de entrada al patio compuesto por un cuádruple pórtico de columnas jónicas, la fachada es del siglo XVII y está flanqueada por un pequeño campanario.

La basílica fue reconstruida en 1719 por Stefano Fontana, éste respetó la planta medieval limitando las intervenciones a la reconstrucción y decoraciones de los techos de las naves, en la bóveda de la nave central insertó un fresco obra de G. Chiari: "Gloria de S. Clemente" (1719)

Tercer Nivel. Basilica actual
Tres naves divididas por columnas jónicas, un bello pavimento cosmatesco, una Schola Cantorum casi en el centro de la iglesia, el cimborrio y el candelabro que se remontan al siglo XII por un momento son ensombrecidos por uno de los más antiguos mosaicos presentes en Roma.


El maravilloso mosaico representa "Cristo crucificado entre la virgen y San Juan evangelista", la representación está bastante articulada: desde un césped de acanto salen volutas que componen florituras por todo el área del cuenco absidal contorneando diversas figuras, en el césped se erige la cruz de la cual fluyen ríos paradisíacos en los que abrevan ciervos.

En el presbiterio se encuentran dos monumentos, a la derecha el del Card. Roverella, obra de G. Dalmata (1476) y a la izquierda el del Card. Venier di Isaia de Pisa (1479). A la izquierda de la entrada principal, cerrada con reja protectora, está la capilla de S. Caterina pintada al fresco por Masolino da Panicale entre el 1428 y el 1431. Dejamos este video de la RAI sobre la basílica para su disfrute y mejor entedimiento del lugar.


sábado, 18 de noviembre de 2017

Altares de San Pablo y San Pedro


En espíritu orante, peregrinos hoy hasta los altares mayores de las basílicas de los apóstoles san Pedro y san Pablo. Ambos están cubiertos por sendos baldaquinos, que simbolizan la presencia del Espíritu Santo sobre dichos altares, levantados sobre las sagradas tumbas de los apóstoles, en los que el Santo Padre celebra de forma solemne el Santo Sacrificio de la Misa.


Bajo sendos altares, se encuentran las humildes y sencillas tumbas de dos personas que, en su día, no sólo fueron insignificantes a los los de los hombres, sino que fueron ejecutados como criminales por las autoridades romanas, por dar testimonio de la Resurrección del Señor Jesús. Con el tiempo, la magnificencia de estos lugares pretende expresar una gloria que supera toda dimensión humana, para elevarse a lo alto, hacia el cielo.

jueves, 16 de noviembre de 2017

El actual Monasterio de Hefta

El Monasterio de Helfta, donde se desarrollaron las extraordinarias vidas espirituales de las santas Gertrudis de Hackeborn (1232–1291), Matilde de Magdeburgo (1207–1284/92) y Gertrudis de Helfta (1256–1301/02), fue destruido por la Reforma Protestante. Además, el cristianismo del lugar sufrió la dura persecución comunista acaecida después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Una nueva comunidad decidió, posteriormente, venir a este territorio, que los alemanes denominan de diáspora, dada la escasa proporción de católicos. La iglesia que vemos es el templo del actual monasterio. En este lugar, queremos seguir recordando la magistral catequesis del papa Benedicto, que hemos comenzado a leer en la sección de Imágenes Sagradas.

Matilde nació en 1241 o 1242, en el castillo de Helfta; era la tercera hija del barón. A los siete años, con la madre, visitó a su hermana Gertrudis en el monasterio de Rodersdorf. Se sintió tan fascinada por ese ambiente, que deseó ardientemente formar parte de él. Ingresó como educanda, y en 1258 se convirtió en monja en el convento que, mientras tanto, se había mudado a Helfta, en la finca de los Hackeborn. Se distinguió por la humildad, el fervor, la amabilidad, la limpidez y la inocencia de su vida, la familiaridad y la intensidad con que vive su relación con Dios, la Virgen y los santos. Estaba dotada de elevadas cualidades naturales y espirituales, como «la ciencia, la inteligencia, el conocimiento de las letras humanas y la voz de una maravillosa suavidad: todo la hacía apta para ser un verdadero tesoro para el monasterio bajo todos los aspectos» (ib., Proemio). Así, «el ruiseñor de Dios» —como se la llama—, siendo muy joven todavía, se convirtió en directora de la escuela del monasterio, directora del coro y maestra de novicias, servicios que desempeñó con talento e infatigable celo, no sólo en beneficio de las monjas sino también de todo aquel que deseaba recurrir a su sabiduría y bondad.

Iluminada por el don divino de la contemplación mística, Matilde compuso numerosas plegarias. Fue maestra de doctrina fiel y de gran humildad, consejera, consoladora y guía en el discernimiento: «Ella enseñaba —se lee— la doctrina con tanta abundancia como jamás se había visto en el monasterio, y ¡ay!, tenemos gran temor de que no se verá nunca más algo semejante. Las monjas se reunían en torno a ella para escuchar la Palabra de Dios como alrededor de un predicador. Era el refugio y la consoladora de todos, y tenía, por don singular de Dios, la gracia de revelar libremente los secretos del corazón de cada uno. Muchas personas, no sólo en el monasterio sino también extraños, religiosos y seglares, llegados desde lejos, testimoniaban que esta santa virgen los había liberado de sus penas y que jamás habían experimentado tanto consuelo como cuando estaban junto a ella. Además, compuso y enseñó tantas plegarias que, si se recopilaran, excederían el volumen de un salterio» (ib., VI, 1).

En 1261 llegó al convento una niña de cinco años, de nombre Gertrudis; se la encomendaron a Matilde, apenas veinteañera, que la educó y la guió en la vida espiritual hasta hacer de ella no sólo una discípula excelente sino también su confidente. En 1271 ó 1272 también ingresó en el monasterio Matilde de Magdeburgo. Así, el lugar acogía a cuatro grandes mujeres —dos Gertrudis y dos Matilde—, gloria del monaquismo germánico. Durante su larga vida pasada en el monasterio, Matilde soportó continuos e intensos sufrimientos, a los que sumaba las durísimas penitencias elegidas por la conversión de los pecadores. De este modo, participó en la pasión del Señor hasta el final de su vida (cf. ib., vi, 2). La oración y la contemplación fueron el humus vital de su existencia: las revelaciones, sus enseñanzas, su servicio al prójimo y su camino en la fe y en el amor tienen aquí sus raíces y su contexto. En el primer libro de la obra Liber specialis gratiae, las redactoras recogen las confidencias de Matilde articuladas a lo largo de las fiestas del Señor, de los santos y, de modo especial, de la bienaventurada Virgen. Es impresionante la capacidad que tiene esta santa de vivir la liturgia en sus varios componentes, incluso en los más simples, llevándola a la vida cotidiana monástica. Algunas imágenes, expresiones y aplicaciones a veces resultan ajenas a nuestra sensibilidad, pero, si se considera la vida monástica y su tarea de maestra y directora del coro, se capta su singular capacidad de educadora y formadora, que ayuda a sus hermanas de comunidad a vivir intensamente, partiendo de la liturgia, cada momento de la vida monástica.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Luz en la que Dios se revela

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martes, 7 de noviembre de 2017

La Abadía de Echternach

Teofrido de Echternach

Celebramos hoy la memoria litúrgica de san Wilibrordo. Por eso, vamos a conocer esta importante Abadía benedictina de la época del Sacro Imperio Romano Germánico.

Iglesia Abacial

Echternach es una ciudad del distrito Grevenmacher, localizado al este de Luxemburgo. Echternach se encuentra cerca a la frontera de Alemania, y es la población más antigua de Luxemburgo. Tiene actualmente 4.610 habitantes. Creció a los alrededores de la Abadía de Echternach, que fue fundada en 698 por San Willibrordo, un monje inglés de Ripon, quien se convirtió en el primer obispo de Utrecht y trabajó para cristianizar a los frisios. Como obispo, dirigió el monasterio como abad hasta su muerte en 739.

Interior de la Basílica de san Wilibrordo

El río Sauer que fluye a través del pueblo, ahora forma la frontera entre Luxemburgo y Alemania, pero en el Imperio Romano tardío y bajo los merovingios era un terreno malsano. La villa romana de Echternach (sus restos se redescubrieron en 1975) que fue parte de la sede de Tréveris (ahora en Alemania) fue entregada a Willibrordo por Irmina, hija de Dagoberto II, rey de los francos.

Tumba de san Willibrordo

Echternach continuó teniendo patrocinio de la casa de Carlomagno. Aunque los monjes fueron desplazados de sus dominios seculares por el obispo de Trier, y los edificios de Willibord se incendiaron en 1017, la basílica romana con torres simétricas aún aloja su tumba en su cripta. La abadía fue célebre por su famosa y floreciente biblioteca y scriptorium. La abadía fue reconstruida en un atractivo estilo barroco en 1737. Los monjes fueron dispersos en 1797, y los contenidos de la abadía y de su famosa biblioteca fueron subastados. Algunos de los antiguos manuscritos de la abadía se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.